Reseñicas 2.2017-LCM

fabiografia

Fabiografía, Fabio McNamara-Mario Vaquerizo

Biografía relatada en primera persona que resume las conversaciones de Vaquerizo con el propio McNamara y otras personas cercanas a él. Un repaso a lo que fue la movida, la pérdida prematura de muchos seres queridos, la adicción a la droga, la desintoxicación y una nueva vida en la que la religión católica ocupa un lugar predominante. Además de todo eso, la pintura, el aspecto más interesante de McNamara. El libro se me queda un poco corto en muchos aspectos. Fabio es lo más cercano a un extraterrestre que vamos a conocer (exceptuando a la Bowie, claro), y me habría gustado algo más de profundización en algunos detalles. Quizás no quería contar más… o no había nada más que contar. Me quedo con esta sabia frase: “Y para mí la lección ha sido que la droga es una mierda, porque el arte no nos lo daba la droga, el arte lo teníamos nosotros”.

 

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Impacto, Douglas Preston

La primera, en la frente. Página 14: “… el aparato giró hacia una mancha en la base de la espada de Orión. -¿Qué vamos a mirar? -La galaxia de Andrómeda”. Después de esto estuve a punto de tirar el libro, pero investigué y en la edición original no apuntan el telescopio hacia Orión, sino hacia la constelación de Andrómeda… lógicamente. Así que seguí leyendo. Una historia entretenida, capítulos cortos, combinando tres acciones simultáneas cuya resolución digamos que es poco plausible. Alguien debería decirle a la chica protagonista que si sigue tomando así el café va a terminar diabética perdida. Y, por cierto: no es ciencia ficción; es más bien un manual de conducción de yates.

 

jackietbJackie, Pablo Larrain

Dos películas he visto del director chileno y puedo declararme fan. “El Club” era una bofetada con la mano bien abierta y con sorna; “Jackie” es elegante y contundente a la vez. Una estructura narrativa inteligente, que utiliza los cuatro días después del asesinato de Kennedy para hablar del poder, de la política, de la vida y la muerte. Destacar al recientemente fallecido John Hurt entre el resto de competentes secundarios. Película muy recomendable

 

 

moonlight_tbMoonlight, Barry Jenkins

Pues esto es CINE, con mayúsculas. Se le podrían hacer muchos elogios, pero me quedo con este: trata al espectador como a un adulto, que no es poco. La historia se cuenta con el lenguaje cinematográfico, no con un guión lleno de obviedades para una audiencia que se ha vuelto perezosa a base de explosiones y música chantajista para hacerle llorar. No es una película para el gran público, pero seguro que tienen curiosidad, sobre todo después de todo el follón de la entrega de los Oscars. Me alegro, porque así llegará a más gente.

 

billybuddBilly Budd, Benjamin Britten (Teatro Real)

Mi primera ópera de Britten en directo y ha sido toda una experiencia. Por suerte nuestras butacas esta vez no tenían el fastidioso apellido de “visibilidad reducida”, porque la escenografía es apabullante, el marco perfecto para una música que fluye entre lo atronador de los coros totalmente masculinos y la sutileza de los pasajes introspectivos de la obra, todo acompañado de una iluminación prodigiosa. No tengo suficientes tablas para valorar si fue una interpretación perfecta, pero sí para decir que la disfruté muchísimo. Me quedo con más ganas de Britten y más ganas de ópera. Excelente propuesta la del Teatro Real.

Interstellar

isEn un futuro no muy lejano, los desastres climáticos están haciendo que la Tierra sea inhabitable para el ser humano. La única solución posible es la evacuación de la especie hacia otros planetas… o, al menos, intentar una colonización que permita sobrevivir a la especie. Como ya sospechamos por el título, dichos planetas han de ser extrasolares.

Para narrarnos esta historia Christopher Nolan nos regala 3 horas de increíbles efectos especiales, estupendo montaje (muy buen ritmo que hace que la duración no sea un problema) y rigor científico (a ratos); elementos que hacen que sea un producto más que digno.

Lo que también nos ofrece Nolan, por desgracia, son actuaciones bastante mejorables (no sé si era el doblaje, pero no me creía nada), diálogos de chichinabo y esa tacita de buen rollo familiar (del tipo: “yo por mi hijo ma-to”) que adereza el guiso de “la humanidad es lo más y de extinguirse ni hablamos porque eso no nos puede pasar a nosotros”. Añade una pizca de amor adimensional, que, como la gravedad, puede atravesar dimensiones, código morse (nivel C1 por lo menos) y mucho, mucho polvo.

Recomiendo verla, merece la pena. Pero, y ya me duele decirlo, no es el 2001 de esta generación ni de lejos. Mi sensación al salir del cine fue de cabreo, porque yo me esperaba algo más riguroso, y no me refiero al aspecto científico. Esperaba un producto que me quitara el aliento, y lo único que encontré es un barullo que, de tanta explicación forzada, termina siendo incomprensible. Lo que no me hubiera importado tanto si ese amor “que traspasa dimensiones” no fuera la misma cantinela empalagosa de siempre. La familia, siempre la familia… parecen mafiosos estos de Hollywood.

Guerra Mundial Z

Marc Foster dirige esta (supuesta) adaptación del genial libro de Brooks que dio una vuelta de tuerca al universo zombi.

Del libro no queda prácticamente nada, excepto el propio planteamiento: una “invasión” zombi que aniquila a casi toda la población mundial. Con esa base, los guionistas, que dios los tenga en su gloria, han elaborado un refrito de convencionalismos dentro del género que roza el insulto a la inteligencia. Y no me refiero sólo al subgénero zombi, sino al de terror en general, pues está llena de topicazos más que previsibles. Ni reinvención de las convenciones, ni aire fresco, ni hostias. Las interpretaciones, perfectamente olvidables. Montones de cabos sueltos (¿qué coño pinta el niño portugués?). Y unos infectados digitales que más que miedo dan risa. Y es que no sé si he ido a ver una película pensada para dar miedo o una gran caricatura sobre este tipo de cine. Ni una cosa ni la otra funcionan. Ninguno de los aciertos de la “docu-novela” de Brooks se ven reflejados aquí.

Puede elogiarse el ritmo, que supongo que es resultado de las tablas del equipo y del propio director, algo que va en el sueldo, pero, por lo demás, como aficionado al género, esperaba muchísimo más de esta supuesta adaptación. No quiero imágenes de miles de zombies si sólo se quedan en eso, en digitalización sin sentido.

Pero, a pesar de estar ya talludito,  sigo dejándome engañar, y termino cayendo en estos productos 3D, sin chicha alguna, pensados para adolescentes (adinerados, porque vaya robo). Ingenuidad, supongo, intensificada por los calores donostiarras…

Donnie Darko

Revisitando esta película, buscando información sobre ella, me encuentro con una primera sorpresa, y es el año de realización: 2001.

Bien…, juraría que tengo recuerdos de esta película en mi adolescencia: bastante antes de los atentados de NY, antes de mis estudios en Cuenca, antes, incluso, de mis otros estudios en Murcia, lo que nos remonta a los 90. Lo más lógico es que, al estar ambientada en 1988, esa fecha se quedara grabada en mi mente y me hiciera pensar a posteriori que ya había visto la película hace 20 años. De todos modos, es curioso… Juro que ningún conejo de 1’90 m me visita por las noches.

Otra sorpresa: el comienzo. Los 15 primeros minutos son extraños sobre todo por dos motivos: INXS y el conejo. En la vida se me hubiera ocurrido comenzar una película con un chico tirado en la carretera seguido por “Never Tear Us Apart”. Después de reflexionar, este es precisamente el misterioso encanto de Donnie Darko. Algunas escenas son verdaderos videoclips insertados en la trama (como el “Head over Heels” de Tears for Fears), con ese toque de principios de los noventa, ralentizando y acelerando la imagen.

Y, por supuesto, Frank. Una de las imágenes más potentes del cine fantástico de las últimas décadas.

Es una pena que la película se desinfle un poco según va transcurriendo el argumento; no tengo muy claro por qué ocurre, pero es así. No será por la interpretación de Jake Gyllenhaal, que es magnífica. Quizás el guión flojea un poco a mitad de la película, algunas escenas en el instituto quizás sean innecesarias (la de la explicación de las gafas para bebés del proyecto científico, por ejemplo).

Otra de las cosas que no recordaba con claridad era el papel de Patrick Swayze, ni los videos de promoción de su libro de autoayuda. La escena de la charla en el colegio es fantástica (“creo… creo que es usted el jodido anticristo”). Y, ese precisamente es otro de los méritos de esta película: está llena de momentos extraños, esquizofrénicos y geniales. Desde todas las apariciones de Frank hasta el “They made me do it” (Me obligaron a hacerlo) grafiteado en el suelo a los pies de una estatua-caricatura de un perro cabreado, pasando por una sesión de hipnosis que casi acaba en masturbación… Era lógico que se convirtiera en película de culto.

Una última reflexión: Mulholland Drive. Mismo año y hay escenas en Donnie Darko que me recuerdan enormemente a la obra maestra de Lynch.

En definitiva, ha sido un placer volver a verla casi 30 años desp… uy, casi meto la pata otra vez. ¡No! No he comprado ningún hacha para inundar el instituto, Luziano, pesao…  (Es Luziano, mi osito de peluche, que está empeñado en que estamos en el 2011 y Cospedal no ha ganado las elecciones…)

Y, a continuación, un resumen en un minuto de la película interpretado por Tim Minchin:

Viajar a otras dimensiones y sobrevivir para contarlo

Eso es lo que parece cuando uno ve los videos de Cyriak, un animador británico, digno heredero de Rybczynski.

Con el polaco, se hablaba de la cuarta dimensión, y recuerdo estar obsesionado con la idea después de ver su obra maestra, Tango, que ahora parece tremendamente chapucera, pero que supuso el descubrimiento del potencial de los efectos de video.

Llegaron los ordenadores (y la MTV, cuando la M significaba Música, y no Mierda, como ahora), y aparecieron maravillas como las obras de Chris Cunningham o Michel Gondry, que trataban, sobre todo este último, de aportar nuevas dimensiones, literalmente, al arte del video:

Así, podemos ver a Rybczynski como hijo de la relatividad (cuatro dimensiones), a Gondry y similares, herederos de la física cuántica (universos paralelos)… Y Cyriak… bueno, para él las cuatro dimensiones se quedan cortas y multiplica sus efectos hasta el infinito, al igual que las mutaciones que padecen sus personajes. Uno se pregunta qué narices desayuna este hombre para conseguir entrar en las dimensiones enrrolladas de la teoría de cuerdas…

Cycles se parece bastante a la obra mencionada de Rybczynski y Gondry. Unos cuantos ositos de peluche bastante gamberros toman el puerto de Worthing:

En cows, cows & cows, unas tranquilas vacas se sumergen de lleno en un aquelarre de mutaciones y desplazamientos imposibles… Parece ser que a los niños les encanta:

Welcome to Kitty City, algo parecido a un video sobre seguridad vial en un universo pluridimensional habitado por gatitos capaces de plurimutar. Repito ¿Qué narices toma este hombre para desayunar?:

Y, por último, Something, para el cual no hay palabras (aviso: puede resultar un poco desagradable):

La música de estos videos también es creación suya; una música mezcla entre fractal y techno pachanguero, que realza la sensación de irrealidad de sus inquietantes creaciones. Nada más. Dulces sueños y cuidado con las “otras dimensiones”…

El rito

Para empezar: ¿Quién financia esta película? ¿El vaticano? ¿El Opus? Sí, ya se qué es lo que me voy a encontrar cuando me decido a ver algo que se llama “El Rito”, con la t en forma de cruz latina, tonto no soy. Simplemente un aficionado al cine de terror, que quiere que le asusten, ver escenas truculentas y disfrutar del subidón de adrenalina, no que le vendan el cuento de que el diablo se está haciendo con el mundo a través de posesiones, que no cuenten absolutamente nada sobre “el rito” que se menciona en el título y que no es bueno ser escéptico por que lo único que consigues es que tu padre arda en el infierno. ¿Qué Anthony Hopkins interpreta de maravilla? Pues mira, sí. ¿Qué mola ver a Rutger Hauer dirigiendo una funeraria? Pues claro (aunque debería visitar la de los Fisher, que al menos ellos hacían el trabajo en el sótano, no en la primera planta al lado del salón…). ¿Qué visualmente es más que aceptable? También. Pero, señores, no nos vendan un cuento para asustar a viejecitas en silla de ruedas, por dios (con minúscula a propósito, claro. Yo es que estoy ya poseido por el maligno. ¿Algún exorcista guapo en la sala?).

En fin, que me ha dado un poco de vergüenza ajena esta especie de panfleto descarado a favor de la fe frente al escepticismo. Y no, no me ha asustado en absoluto. Demasiado cliché que ya no funciona. Sólo me hacía la gran pregunta: ¿Por qué para el diablo es tan fácil meterse en un ser humano, y, sin embargo, los “enviados de dios” padecen tanto simplemente para sacarle cómo se llama? Madre mía, si los pobres sufren más que cuando llamas al 1004 (un momento, señor Kovak, estamos gestionando su petición). Bueno, en el 1004 no te insultan, como hace el diablo, más bien eres tú el que insulta (cosa que no hay que hacer, que l@s pobres están únicamente cumpliendo con su trabajo)

Creo que ha quedado claro que no la recomiendo, ¿verdad? Pues eso.

The Actor’s Guide to Murder

Jarrod Jarvis es una estrella infantil de una serie de éxito de los 80, con la vida resuelta, a pesar de llevar la carga de “niño prodigio” de la actuación, lo que le impide conseguir nuevos papeles. Vive en pareja con un policía divorciado de Los Angeles, cerca del famoso cartel de Hollywood, no tiene problemas económicos (sus padres invirtieron bien el dinero conseguido por su pequeño) y dedica su tiempo a realizar pequeños trabajos para publicidad y algún que otro cameo.

Su tranquila vida cambia con una visita a Isis, una vidente echadora de cartas, que asegura haber percibido el asesinato de alguien cercano a Jarrod… ¿Será su novio, Charlie? Al fin y al cabo es policía… ¿Será su perro Snickers? Eso sería horrible… O ¿Será él mismo? Al día siguiente, Willard, un actor amigo (y algo más) de la infancia, aparece muerto en la piscina de su casa.

Rick Copp, guionista de Las chicas de Oro, Scooby Doo o La Tribu de los Brady (la película), propone una novela negra con muchos toques de rosa y muy buen humor. Llena de referencias al mundo Hollywoodiense del cine y la televisión, es una lectura entretenida y divertida, la primera de una serie que llevará al protagonista a convertirse en un detective al más puro estilo Hollywood.

El autor utiliza los clichés del mundo gay (openly gay) y los entresijos oscuros del mundo del espectáculo de la meca del cine a su antojo. Como buen conocedor de las entrañas del negocio, esta novela, a pesar de su aspecto divertido, no deja de ser un retrato de los diversos especímenes que pueblan ese ecosistema del show-business, con todas sus hipocresías y sus miserias (y sus grandezas).

Como anécdota, conocí a Rick en Madrid (es un enamorado de nuestro país), y tuve oportunidad de visitarle, junto a unas amigas, en Los Angeles, resultando una de las veladas más divertidas y encantadoras de mi vida. Su sentido del humor y su optimismo se transmiten perfectamente en este libro. Gracias por el regalo, Rick.