Libros 2012

Lista de libros leídos en 2012. Algunos con “reseñica”, porque en su momento no tuve tiempo de hacer un comentario más detallado, o por respeto (¿qué puedo decir de un Thomas Mann que no se haya dicho ya?) o por falta de ganas (más bien esto último):

– El nacimiento del tiempo, Ilya Prigogine: Una entrevista y un par de conferencias de este premio Nobel de Química (1977) en las que reflexiona sobre el tiempo desde un punto de vista relacionado con la irreversibilidad de las reacciones químicas y la entropía.

 

 

 

 

– Flores para Algernon, Daniel Keyes: Ciencia Ficción humana, muy humana. La historia de un hombre con una inteligencia inferior a la media que consigue evolucionar hasta convertirse en un genio gracias a un experimento. El ser humano como conejillo de indias de una ciencia que intenta mejorar nuestras condiciones de vida, aunque esa ciencia a veces se impregne de lo peor de la condición humana. Un problema eterno: ¿la ignorancia es felicidad? Muy recomendable.

 

 

– El mundo y sus demonios, Carl Sagan: Un famoso libro del difunto divulgador científico, en el que analiza temas relacionados con el escepticismo: religión, fenómenos paranormales, credulidad, desconfianza ante la ciencia, etc… Una bofetada (nunca serán suficientes) a la tendencia humana a mitificar y distorsionar la realidad objetiva y a rechazar los datos que ayudan a explicar lógicamente los fenómenos. Una tarea ingente, de vital importancia para nuestra supervivencia, que Sagan afronta quizás con demasiada condescendecia.

 

 

– Evolución (el mayor espectáculo sobre la tierra), Richard Dawkins: El biólogo británico, sin embargo, no es nada condescendiente con las creencias irracionales, especialmente con los creacionistas. Y no es de extrañar, pues dispone de cientos de datos que respaldan la realidad de la evolución. Un libro muy bien argumentado y que es, más que una bofetada, un verdadero puñetazo en el estómago a los que defienden que todo lo necesario para entender la realidad está en un libro escrito hace más de 2000 años… (de locos, ¿verdad? Pues son legión, desgraciadamente) Pero este libro no sólo es eso; es también un recorrido por maravillas del mundo natural que son perfectamente explicadas basándose en lo que Darwin supo ver que subyacía debajo de la enorme diversidad biológica que nos rodea. No es que sea recomendable; es que es IMPRESCINDIBLE.

 

– Luminoso, Greg Egan: Colección de cuentos de este escritor de ciencia ficción australiano. Es mi primera incursión en su literatura y tengo que decir que no he salido disgustado. Introduce los últimos conocimientos científicos con soltura y se atreve a reinventar la ciencia ficción especulativa con esas nuevas aportaciones, como en el caso del relato sobre una anomalía matemática que amenaza con cambiar nuestra concepción de las ciencias exactas. También toca otros temas menos metafísicos, como la homosexualidad y la homofobia, en un relato crudo pero que explora una posibilidad a la que quizás tengamos que enfrentarnos como sociedad (aunque cosas similares ya han sucedido y suceden constantemente)

 

Ciberíada, Stanislaw Lem: Leer a Lem es una delicia. Su sentido de la ironía es encantador. De nuevo, como en Diarios de las Estrellas, da la sensación de ser un escritor del siglo XIX relatando sus aventuras estrambóticas como patético explorador de tierras lejanas, que inventa sus historias porque, en realidad, nada de lo que cuenta es cierto. En este caso los protagonistas son dos “constructores”, máquinas, que recorren el universo del uno al otro confín diseñando artefactos, mundos e incluso universos para ganarse la vida. Porque, después de todo, así es como se ganan la vida y se enriquecen (el anacronismo de ser pagados en oro es delicioso). Numerosas capas conforman estas historietas de aventuras, plagadas de sarcasmo y reflexiones sobre nuestra naturaleza. Lem, sin dudad, es uno de los grandes.

 

 

– Los asesinos del tiempo, Gilles d’Argyre: Con un prólogo demencial sobre el autor y su obra (escrito por el mismo autor, aunque con otro nombre), los asesinos del tiempo se enmarca en la ciencia ficción clásica. Una nave se ve lanzada millones de años al pasado y envuelta en una guerra entre seres muy superiores, sin darse cuenta de que llevan consigo al causante de tal batalla infinita que recorre el universo en el espacio y el tiempo.

Título: “Los Asesinos del Tiempo”

Autor: Gilles d’Argyre (Gérard Klein)

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 11.

1974 (edición 1976)

190 páginas

 

 

 

– Los Buddenbrook, Thomas Mann: Primera novela del ganador del Nobel de Literatura en 1929 (según el jurado, “principalmente por su gran novela, los Buddenbrook”). Es decir, que estamos ante una verdadera joya. Y uno no necesita los comentarios del jurado de los Nobel para darse cuenta de ello. Esta novela se te clava en la cabeza. Las fortunas y desdichas durante un siglo de una saga de comerciantes en una ciudad del norte de alemania que ve como su pequeño imperio va decayendo hasta terminar desapareciendo. Amor, resignación, responsabilidad, orgullo, vida y muerte aparecen página tras página con una maestría incomparable. El flujo de sensaciones avanza a oleadas, impregnando al lector con los reflejos de su propia existencia. Un viaje que deja marca, sin duda.

 

El libro de los universos, John D. Barrow: En este libro, Barrow describe la evolución de las concepciones científicas sobre el universo desde hace cientos de años. Desde los modelos de Aristóteles y Ptolomeo, hasta las últimas especulaciones de los físicos, que ya hablan de “multiverso” como algo más que probable según las nuevas teorías, el autor rememora las características de cada uno de ellos, sus pros y sus contras y la probabilidad de que sean reales. Y es que, realmente, todavía no sabemos en qué tipo de universo vivimos (pero nos vamos haciendo una idea: ya sabemos que no se ha terminado en el 2012)

 

– El hombre demolido, Alfred Bester: Esta novela tiene el privilegio de ser el primer Premio Hugo (en 1953). Un asesinato: conocemos toda su planificación y conocemos al asesino. No es el objetivo del autor elaborar una novela negra en la que se descubre al culpable al final del relato. Pero, sin embargo, sí  que es una novela negra, y de ciencia ficción, por supuesto. Es más bien ese tipo de libro más interesado en lo psicológico de los protagonistas. Hay telépatas, transportes futuristas, enredos familiares y una obsesión por un hombre sin rostro. Un libro con mucho encanto.

 

 

– Tigre, Tigre, Alfred Bester: También conocida como “las estrellas mi destino”, es posterior a “el hombre demolido”. Y he de decir que, para mí, bastante más interesante. Ciencia Ficción clásica, que introduce elementos básicos que aparecerán en la producción posterior de otros autores. Comienza con una descripción del “jaunteo”, una manera de desplazarse automáticamente de un sitio a otro con el poder de la mente (muy similar al “kwimmar” o “pucear” de los marcianos cabroncetes de Fredric Brown), y evoluciona hacia una historia de venganza infinita que atrapa fácilmente. Una característica del libro, que también aparece en el anterior, es la utilización de la tipografía como elemento visual para describir algunos momentos o sensaciones de los protagonistas. Un verdadero clásico de la ciencia ficción.

 

Título: “Tigre, Tigre”

Autor: Alfred Bester

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 60.

1955 (edición 1981)

253 páginas

 

La mano izquierda de la oscuridad, Ursula K. Leguin

Espacio Revelación, Alastair Reynolds

El nombre del mundo es bosque, Ursula K. Leguin

Saga de los Heeches, Frederik Pohl (Pórtico, Tras el incierto horizonte, El Encuentro, Los Anales de los Heeches, Los exploradores de Pórtico)

La ciudad al final del tiempo, Greg Bear

Los desposeídos, Ursula K. Leguin

La realidad oculta, Brian Greene

La tierra silenciada, Graham Joyce

Yo soy un extraño bucle, Douglas R. Hofstadter

Guía Turística de Marte, William K. Hartmann

El libro de la nada, John D. Barrow

Computer Connection, Alfred Bester

Entrelazamiento, Amir D. Aczel

Y eso es todo. Un nuevo año de lectura comienza, ponemos el contador a cero.

Computer Connection

Guig, muerto en la erupción del Krakatoa de 1883, forma parte de “El Grupo”, seres humanos fallecidos en circunstancias horribles que resucitaron para convertirse en prácticamente inmortales. El doctor Sequoia Adivina se convierte en el miembro más joven del Grupo, aunque después de su transformación una presencia inquietante en su cabeza regresa con él.

Aparentemente caótica (en el lenguaje y en la estructura), Computer Connection, finalista del premio Hugo en 1976, funciona bastante bien. Es normal que produzca cierto rechazo el estilo tan barroco y en ocasiones confuso, pero es eso mismo lo que la hace digna de lectura. Uno se imagina ese futuro lleno de trabalenguas lingüísticos, ordenadores omnipresentes, tecnología incomprensible, y, aunque muy exagerado, no se diferencia mucho de nuestro presente.

Alfred Bester escribe con ironía y humor, lo que lleva a pensar que el libro es más bien un divertimento sin sentido, pero no estoy de acuerdo con esa visión. Debajo de toda la parafernalia, del lenguaje incomprensible y de las escenas rocambolescas, el autor describe un mundo bastante hostil, pero, a pesar de ello, lleno de posibilidades. A nuestros ojos es una realidad fea y desordenada, incomprensible; aunque supongo que nuestra sociedad también lo parecería a cualquier persona anterior al S XX.

Así, aunque no sea muy reconocida esta obra del autor de El hombre demolido, creo que merece la pena, aunque hay que acercarse a ella con precaución, porque puede terminar en lo más bajo de “la pila” de libros de la mesita de noche en espera del ánimo suficiente para poder disfrutarla y no sufrirla.