Con este sugerente título, John D. Barrow ofrece lo que promete: un repaso histórico y científico del concepto de la nada y el vacío.
Comenzando con el nacimiento del cero en las matemáticas egipcias, mayas e indias y a través de las concepciones filosóficas y científicas del vacío a lo largo de la historia, el autor elabora una línea temporal que desemboca en la física cuántica, en la que el vacío y su energía juegan un papel importantísimo para explicar los fenómenos a nivel subatómico. Unos fenómenos que, gracias a los logros de la física del siglo XX, ahora sabemos que también son cruciales para explicar el Universo que nos rodea, cómo se creo y cual es su posible destino.
Bien documentado y ameno, es un libro que consigue transmitir esa lucha histórica por la comprensión de la nada. Incluso en los capítulos dedicados al vacío cuántico, el lenguaje es lo suficientemente sencillo como para que cualquier lector interesado en el tema y sin preparación pueda disfrutarlo.
Guig, muerto en la erupción del Krakatoa de 1883, forma parte de “El Grupo”, seres humanos fallecidos en circunstancias horribles que resucitaron para convertirse en prácticamente inmortales. El doctor Sequoia Adivina se convierte en el miembro más joven del Grupo, aunque después de su transformación una presencia inquietante en su cabeza regresa con él.
Aparentemente caótica (en el lenguaje y en la estructura), Computer Connection, finalista del premio Hugo en 1976, funciona bastante bien. Es normal que produzca cierto rechazo el estilo tan barroco y en ocasiones confuso, pero es eso mismo lo que la hace digna de lectura. Uno se imagina ese futuro lleno de trabalenguas lingüísticos, ordenadores omnipresentes, tecnología incomprensible, y, aunque muy exagerado, no se diferencia mucho de nuestro presente.
Alfred Bester escribe con ironía y humor, lo que lleva a pensar que el libro es más bien un divertimento sin sentido, pero no estoy de acuerdo con esa visión. Debajo de toda la parafernalia, del lenguaje incomprensible y de las escenas rocambolescas, el autor describe un mundo bastante hostil, pero, a pesar de ello, lleno de posibilidades. A nuestros ojos es una realidad fea y desordenada, incomprensible; aunque supongo que nuestra sociedad también lo parecería a cualquier persona anterior al S XX.
Así, aunque no sea muy reconocida esta obra del autor de El hombre demolido, creo que merece la pena, aunque hay que acercarse a ella con precaución, porque puede terminar en lo más bajo de “la pila” de libros de la mesita de noche en espera del ánimo suficiente para poder disfrutarla y no sufrirla.
Si hay algún fenómeno que pone patas arriba el concepto de “sentido común” en la física, este es el del entrelazamiento cuántico. Dos partículas (o más), creadas a partir de un mismo fenómeno, comparten características de manera que parecen comportarse como una sola: si medimos una de sus cualidades en una de ellas, de manera instantánea su pareja “adquiere” la cualidad opuesta, sin importar la distancia a la que se encuentre.
El concepto de “localidad” (causa y efecto están limitados por la velocidad de la luz) no se aplica en este caso. Y no es algo teórico: realmente ocurre.
En este pequeño libro, Amir D. Aczel hace un recorrido por los momentos esenciales en la historia de la física cuántica, desde el experimento de la doble rendija hasta llegar a la comprobación experimental del entrelazamiento e incluso sus posibles aplicaciones prácticas, incluida la teleportación. Cada capítulo introduce a los protagonistas (Planck, Heisenberg, Schrödinger, Bell, Einstein, etc.) y contextualiza histórica y vitalmente su aportación, algo que no deja de resultar un poco tedioso pues difumina el objetivo central del libro (y que uno ya está un poquito harto de saber de las actividades sexuales extramatrimoniales de Schrödinger…).
“…todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.”
Bruna Husky, una replicante de combate que reside en el Madrid del siglo XXII, es contratada por el MRR (Movimiento Radical Replicante) para investigar una serie de extrañas muertes. Durante la investigación todo parece apuntar a una conspiración destinada a colocar en el poder a los Supremacistas, un grupo político que aboga por la eliminación de todos los replicantes, seres exactamente igual a los humanos pero modificados genéticamente y con una vida de sólo 10 años.
Rosa Montero crea una historia, mezcla entre novela negra y ciencia ficción, basándose en el mundo de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y “Blade Runner”.
Realmente no es una ampliación del universo creado en estas dos obras anteriores por Philip K. Dick y Ridley Scott; en “Lágrimas en la lluvia” se describe un futuro que ha terminado pareciéndose a esas obras de ficción, como ocurre con los “replicantes”, que se denominan así como homenaje a “una famosa película del siglo XX”, ya que comparten algunas de sus características, aunque no todas, pues los “reps” de Rosa Montero viven hasta 10 años, y no 4 como ocurría en Blade Runner, y su muerte se debe al TTT (Tumor Total Tecno), no es una muerte programada, sino un fallo en su constitución celular que los científicos no consiguen desactivar. Siguen siendo, sin embargo, seres humanos con mejoras genéticas y han sido creados para realizar los trabajos más peligrosos.
No se pueden comparar los precedentes con esta novela, aunque es cierto que la temática principal del libro es también el eje que da sentido a “Blade Runner“: la muerte, la soledad, los recuerdos… La cuestión que lanzó Philip K. Dick en muchas de sus novelas acerca de lo que nos hace ser lo que somos está muy presente, aunque no de la manera tan perturbadora y radical con la que K. Dick aturdía a sus lectores, cuestionando no sólo al individuo sino toda la realidad. Rosa Montero tiene otros intereses y utiliza las armas de la ciencia ficción para llegar a su objetivo, que no es otro que reflexionar sobre los mecanismos que nos mantienen vivos y nos animan a seguir adelante aún con la certeza de la muerte rondando silenciosa en nuestra existencia.
“Lo que hago es lo que me enseña lo que estoy buscando”
Pierre Soulages
Un primer ensayo con tinta china y diversos productos para conseguir efectos sobre acetato, que luego se monta en un marco para diapositivas. Usándola como negativo se pueden conseguir fotografías como la que os muestro. Creo que los resultados, aunque muy abstractos, son bastante interesantes:
Pues sí, The Flaming Lips han encontrado una estrella en el suelo y para celebrarlo han grabado una canción de…
¡¡¡¡¡¡6 horas!!!!!!
Es uno de esos proyectos experimentales de grabación del grupo de Oklahoma, esta vez justificado por una obra benéfica, ya que los fans que han aportado 100 dolares pueden oir su nombre durante la canción. El dinero recaudado ha ido a parar a la Central Oklahoma Humane Society y a la Academy of Contemporary Music en la University of Central Oklahoma.
No es la canción más larga de la historia, por si se lo estaban preguntando, que bizarradas hace ya mucho tiempo que se hacen (no hay que olvidarse del precedente de Satie con sus Vexations) y existen composiciones que duran años e incluso siglos que se están interpretando en estos momentos, pero quizás sea la canción editada de más duración. Si alguien se atreve, aquí están los 360 minutos de canción:
La canción se ha publicado junto con otras dos (de longitud convencional) en una edición especial, el Strobo Trip, que es un juguetito pensado para dar horas y horas de satisfacción. Lástima que este EP no ha salido a la venta oficialmente, porque es la bizarrada con la que sueña cualquier fan de los Flaming Lips.
Estas son las otras dos canciones, con imágenes del aparato en funcionamiento:
Butterfly, How long it takes to die?
Evil Minds
Es inevitable considerar este experimento una suerte de continuación de zaireeka, y, de hecho, el grupo sigue con la idea de experiencias simultáneas, de sonidos que el propio oyente tiene que mezclar por su cuenta, como demuestra otro experimento en el que están trabajando, Two Blobs Fucking, una serie de videos en youtube para escuchar y visualizar simultáneamente: