En movimiento. Una vida

sacksmovimientoOliver Sacks, neurólogo conocido por varios libros en los que relata experiencias con pacientes (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Despertares, …), fallecido recientemente, bucea en la memoria para contarnos su intensa y peculiar vida.

En un estilo no lineal pero siguiendo más o menos una cronología de hechos, Sacks describe sus vivencias, algunas bastante íntimas, a lo largo de las décadas; su infancia en Inglaterra, su llegada a USA, primero California, posteriormente Nueva York, sus amantes, su abstinencia sexual y un enternecedor último enamoramiento a la edad de 77 años.

No faltan referencias a algunos de los casos clínicos que tan humanamente fue capaz de describir en otras obras. Una lectura placentera de principio a fin, que genera empatía hacia el personaje, por lo que cuenta y lo que uno intuye que no quiere contar.

Dramocles

92

Dramocles, soberano de Glorm, recibe una visita programada 30 años atrás en la que su destino le es revelado. Para alcanzarlo debe poner fin a tres décadas de paz (y aburrimiento) en su reino. Pronto descubrirá que no es más que un títere en una conspiración urdida por alguien muy cercano con la ayuda de una computadora bastante peculiar.

Llena de humor e ironía, Sheckley dibuja en esta pequeña novela un relato que recuerda a los embrollos de realidades de K. Dick, aunque aquí todo queda explicado. No sólo es ese complot que articula la trama; también encontramos parecido en esa mención de los “masa media”, que diría la difunta Chus Lampreave, como elemento de creación de realidades sociales a gusto de los mandatarios.

Una caricatura de la ciencia ficción de estilo “medieval”, en la que aparecen reyes, incluso un poco de magia inexplicable, hay batallas a la vieja usanza y la tecnología queda como simple recurso para que las tropas-robot o humanas se muevan de uno a otro planeta.

Divertida e inteligente, Dramocles consigue arrancar la sonrisa del lector con solvencia y dejar un buen sabor de boca. Muy aconsejable.

Título: “Dramocles”

Autor: Robert Sheckley

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 92.

1983 (edición 1984)

159 páginas

Libros 2015

Año 2015: pues 15 libros, después del periodo de barbecho. Vamos cogiendo carrerilla y activando las neuronas. Así, a pesar del trabajo, he incrementado el ritmo de lecturas y está saliendo algún cuadro que otro.

La mayoría de libros son ciencia ficción, fantasía y terror y un par de divulgación. Falta mencionar Descodificando la realidad, de Vlatko Vedral, un ensayo sobre el concepto de información aplicado a distintas áreas (biología, sociología, economía y física). Es un libro ameno, didáctico y con pocas fórmulas, que ahonda sobre todo en la aplicación de la teoría de la información en el ámbito de la física cuántica.

Lista con las reseñas de este año:

Mercader de Inteligencia – John Boyd

Secretos a Voces – Alice Munro

El fin de la Eternidad – Isaac Asimov

El cerebro verde – Frank Herbert

Lo mejor de “Fantasy & Science Fiction” – Varios Autores

Alicia en el país de los cuantos – Robert Gilmore

Retorno a la Tierra – Varios autores

La conspiración contra la especie humana – Thomas Ligotti

Ubik – Philip K. Dick

Doctor Sueño – Stephen King

El Don – Mai Jai

Los sinsabores del verdadero policía – Roberto Bolaño

American Gods – Neil Gaiman

1Q84 – Haruki Murakami

Vamos a por los 16 del 2016 con una bonita canción de The Czars, el antiguo grupo de John Grant, una de mis últimas obsesiones. ¡Feliz Año! Urte Berri On!

1Q84

1q84_12_3Pequeños cambios, casi imperceptibles, hacen reflexionar a Aomame sobre la increíble posibilidad de que el mundo se haya transformado. Una acción tan irrelevante como bajar unas escaleras de emergencia en una autopista abarrotada, la introduce de lleno en una realidad alternativa, a la que terminará llamando 1Q84, en contraposición al año en curso, 1984.

Tengo, profesor interino de matemáticas y aspirante a novelista, se ve inmerso en un fraude editorial pergeñado por Komatsu, su editor. Deberá reescribir el relato de Fukaeri, una extraña adolescente, que cuenta una historia fantástica sobre unos seres a los que llama “little people”. Esa narración, “La crisálida del aire”, es la clave que permitirá el esperado encuentro entre Aomame y Tengo, separados desde la infancia.

Murakami estructura esta compleja historia orbitando alrededor de estos dos protagonistas predestinados a unirse, a los que dedica capítulos alternativos, con la excepción del tercer libro, en el que añade capítulos dedicados a Ushikawa, un peculiar detective privado.

Las andanzas paralelas de Aomame y Tengo son independientes y gracias a ellas el autor nos desvela las peculiaridades de un mundo dominado por una suerte de realismo mágico, en el que existe la llamada “little people”, que es, literamente, eso: gente pequeña.

Estos seres (que no puedo evitar imaginármelos como la pareja de ancianos en esa peculiar escena final de Mulholland Drive) parecen controlar esta realidad a través de un complejo mecanismo de “receivers”, “perceivers”, “daughters” y “mothers” en forma de clones que obtienen fabricando crisálidas a partir de fibras de aire…

Murakami es conocido por utilizar la música como inspiración o punto de partida de sus narraciones. En este caso destaca la importancia de la peculiar Sinfonietta, del compositor checo Leoš Janácek, presente desde las primeras líneas, justo antes del desembarco de Aomame en 1Q84.

 

Al terminar la lectura, uno queda con una sensación extraña. Por un lado es obvio que, para contar lo que cuenta, podría haberse ahorrado, al menos, el pico de las más de 1300 páginas de las que consta el libro. No obstante, Murakami hace navegar al lector con facilidad entre las vidas de todos los personajes; en muchas ocasiones más de la mitad de un capítulo se dedica a repasar vivencias y sensaciones que se alejan por completo de la temática principal.

Pero es que la dicotomía 1984 – 1Q84, el “BIG BROTHER” frente a la “little people”, que también observa y controla pero sin intención totalitaria alguna, como dioses ajenos a todo, y el resto de elementos fantásticos; todo ello es, tal vez, una elaborada excusa para hurgar en lo más íntimo de los personajes.

Por ello, el final no parece conclusivo, y la impresión es la de estar ante un extensísimo ejercicio de estilo.